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Quiero conocerte, Señor

 

Quiero conocerte en serio, Jesús.

No quiero que seas para mí una simple figura,

ése del que habla la religión,

el rollo que aguantamos cada viernes en catequesis,

el que dicen que fue muy bueno

y acabó muriendo en una cruz, el pobre desgraciado.

 

Quiero encontrarte pronto como persona,

quiero sentir tu presencia dentro de mi corazón,

quiero escuchar tus palabras susurrando en mi interior,

quiero que me hagas sentir el calor de tu amistad,

la que te llevó a dejarte asesinar por mí,

la que te impulsó a buscar cada corazón,

el de mis semejantes y mi corazón en particular.

 

Me dicen que te has hecho hombre para salvarme.

Explícame qué quiere decir ese esfuerzo,

explícame de qué necesito ser salvado,

si yo estoy a gusto como estoy… ¿O no..?

Porque a veces siento que me falta algo,

que la vida no puede ser tan gris e insípida,

que debe haber ilusiones mayores que albergar

y alegrías más fuertes que sentir,

porque estos sorbos cotidianos de vulgaridad

no pueden llenar mis ansias de felicidad.

 

Me dicen que eres el Hijo de Dios,

Dios mismo que ha querido bajar a la tierra.

Explícame ese disparate.

¿Por qué vas a querer bajar y hacerte hombre?

¿Por qué embarrarte en este mundo tan inhóspito,

si la vida de Dios debe ser el placer total y la plenitud?

¿Por qué elegir una cuadra para nacer,

pudiendo nacer en el mejor de los palacios?

¿Por qué anunciar tu mensaje de viva voz,

por miserables pueblos de una tierra conquistada

si podías emplear el altavoz poderoso del imperio?

Y explícame por qué estás empeñado en enamorarme,

si yo soy tan poca cosa, uno más entre millones.

 

¿Por qué quieres vivir en mi pobre interior

si hay personas increíbles donde habitar?

¿Por qué quieres enamorarme con susurros al corazón,

si existen métodos de propaganda para conquistar las voluntades?

Dime, Señor, ¿Por qué te intereso tanto?

¿Acaso soy tan importante como para que Dios se ocupe de mí?

 

Sí, eres importante porque eres mi hijo

 

José Antonio Fernández Sancha, sm


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Del “si se puede” al “si podemos”

 Por Pablo Mijares

Dos chavos platican en un medio de transporte de cualquier parte del mundo.

—¿Viste que el gobierno propuso un programa para combatir la pobreza?

—Ajá, algo oí en las noticias, pero no puse atención.

—¿Y eso?

—Como siempre, han de ser cuentos, promesas, discursos…

—No, no sabemos. Es mejor confiar. A mí me dio buena impresión.

—Siempre oímos que hay planes y proyectos para no sé cuántas cosas, ¿y luego?

—En parte tienes razón, pero mira, en el siglo XVIII nadie creía que se iba a abolir la esclavitud y se abolió. Y también en ese entonces hubo muchas falsas promesas. A lo mejor ahora sí va en serio el combate a la pobreza.

—¿Qué te hace pensar que “ahora sí”?

—Hay más sensibilidad, más conciencia, más compromiso. Por ejemplo, reducir la pobreza extrema es el primero de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD). Esta tarea compromete a todos los integrantes de Naciones Unidas. Y no es solo eso, creo que han influido varios factores, por ejemplo, los mensajes del Papa Francisco contra la desigualdad han calado hondo, han hecho pensar a muchas personas y a la mayoría de los mandatarios…

—Eso sí, pero… falta mucho, no basta que Naciones Unidas proponga y que los católicos oigamos al Papa.

—Es cierto, falta mucho, pero el primer paso se está dando. Y ese paso es un cambio de chip, una apertura a confiar en que sí es posible acabar con los grandes problemas. El primer paso es no desanimarse, no bajar los brazos, no pensar que los fracasos o los engaños del pasado van a triunfar en el presente.

—¿Pero tú crees que los principales mandatarios van a sumar su esfuerzo a esta lucha?

—Sí, porque ya se dieron cuenta de que la solidaridad no es solo un valor para hacer propaganda, sino una condición para que el mundo funcione y para que los gobiernos sean exitosos. Los gobernantes ya vieron que las crisis alimentarias no se tapan con un dedo y que la pobreza de la gente empaña la imagen de cualquier sistema político y económico.

—¿Y apoco crees que van a cambiar los modelos que generan injusticia?

—A la larga esos modelos son insostenibles. Por eso todos los países están invirtiendo más en programas de desarrollo social y, aunque lentamente, pronto veremos resultados.

—Pero, ¿sabes qué?… No solo es un problema de los gobernantes.

—¡Exacto! Todos tenemos que hacer lo que nos toca, no hacernos a un lado y esperar que los demás resuelvan. Por eso la ONU y la Iglesia invitan a los empresarios a ser sensibles y a dar una remuneración justa a los trabajadores. También eso es necesario para que los sistemas de consumo funcionen. O sea, a la larga, la justicia conviene a todos, y el abuso no conviene a nadie. Es una ley natural de convivencia.

—¿Y nosotros qué podemos hacer?

—Mucho, aunque parezca que no. Primero, ser solidarios con los que están más cerca. Primero va la célula, después el tejido, después el órgano y al último el organismo, ¿me explico? “Haz el bien que puedes hacer…”. Podemos compartir lo que tenemos, sea poco o mucho, siempre podemos compartir algo. Igual, no malgastar lo que tenemos, consumir con responsabilidad, con conciencia y no de una manera irracional ni egoísta…

—Mmmmm, pues sí, creo que tienes razón.

—Y confiar… Confiar en que cada intento es una nueva oportunidad y que los jóvenes no podemos vivir atados a las equivocaciones que el mundo ha cometido antes. Hemos avanzado en tolerancia, en aceptación de la pluralidad, en respeto a la diversidad, en combate a la discriminación… Son triunfos de nuestra generación, triunfos nuestros, y ahora vamos por uno igual de grande, o quizá mayor que los anteriores: lograr que el mundo sea casa de todos y que las riquezas del mundo, que son muchísimas, lleguen poco a más personas para que un día podamos decir que, así como se abolió la esclavitud, también se borraron el hambre y la miseria de nuestras calles y de nuestros pueblos…

—Sí, es cierto, debemos confiar en que sí se puede y en que cada uno de nosotros es un actor importante en esta lucha. Más aún, a partir de hoy no digamos “sí se puede”, sino “sí podemos”.

From “Yes we can” to “Yes we will do it”

By Pablo Mijares

Two young men had a chat while they were traveling anywhere in the world

– Did you hear what the government proposed in a program which aims to fight poverty?

-Yeah, I heard something on the news, but I didn’t pay attention.

– How so?

-It must to be lies and fraudulent things.

-No, we do not know. It is better to trust. It gave me a good impression.

-As always we hear stories, promises, speeches … but… actually, what happens?

-In part, you are right, but look, in the eighteenth century no one thought it would be possible abolish slavery and it was truly abolished. And at that time many false promises were made too. Maybe now we can do something seriously against poverty.

– What makes you think that “now it going to happen something true”?

-There is more sensitivity, more awareness, more commitment. For example, reducing extreme poverty is the first of the eight Millennium Development Goals (MDGs). This task involves all UN members. And not only that, I think several factors have influenced, for example, Pope Francis’ message against inequality Francisco went deep, and reached many people and some of leaders …

-Yes, but … we are still far away. It isn’t enough a proposal made by United Nations or Catholics hearing the Pope.

-It’s true, indeed, but the first step is being given. And that step is a change, an openness to trust that it is possible to end up with big problems. The first step is not to get discouraged, do not give up; do not think that the failures or deception of the past will succeed in this.

– But do you think that the main leaders will unite efforts in this fight?

-Yes, because they realized that solidarity is not only a value for advertise, but a condition to make the world works and for governments to be successful. Rulers have seen that the food crises are not clogged with a finger and poverty tarnish the image of any political and economic system.

– Do you really think that models that generate injustice will change?

– Eventually, these models are unsustainable. So, all countries have to invest more in social development programs. Slowly but we will see results.

-But, do you know? … This is not only a leaders’ problem.

– Exactly! Everybody must do something to make things happen. Nothing will be solving if we stand aside waiting that others solve it. So the UN and the Church invites businessmen to be sensitive and to pay fair compensation to workers. Also it is necessary that systems work well. So, ultimately, justice suits everybody, and nobody be abused.  It is a natural law of coexistence.

– What do we do?

-We can do a lot, even if looks we can’t. First, stand in solidarity with those who are close. We need to start with the cell, then the tissue, then the organ and finally the body. Do you know what I mean? “Do all the good you can do …”. We can share what we have. It is not important if it is little or a lot. We can always share something. At least, do not waste what we have, consume responsibly, conscientiously and not doing it in an irrational or selfish way …

-Mmmmm, yes, I think you’re right.

– And we must trust … Trust that each attempt is a new opportunity and that young people cannot live tied to the mistakes that the world has committed before. We have advanced in tolerance, in acceptance of plurality, in respect for diversity, in the combat of discrimination … All of these are triumphs of our generation, our triumphs, and now we’re going to one big change, or perhaps greater than previous: We must  work on getting that world be everybody’s home and its riches reach more people. One day we will say: Just like one day slavery was abolished, now we have erased hunger and misery of our streets and our people ….

-Yes, it is true; we should trust that it is possible and that each of us is a major player in this fight. Moreover, from now we have to go beyond the “it is possible”, and say “yes we will do it”.


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Antigone a Symbol of Desire, not Enjoyment

by Tom Dalzell sm

We saw last time that the new cultural commandment is “Enjoy!”. Society used to be based on repression, but now it is based on enjoyment or what the French call jouissance. What the example of the exhibition of dead bodies as art demonstrates is that we have moved away from representation to brute presentation and to direct access to what used to be forbidden. Too much enjoyment, and not just of this kind, is unbearable. It actually causes suffering. You may know that the Bible asks: “who will save (us) from this body of death?”. Another way of putting this is: how can we get some distance from the too much, from the enjoyment that causes pain and many people seek to escape through taking drugs? Taking drugs can be an attempt to regain the total enjoyment once experienced as an infant, but it can also be an attempt to dull the pain of too much enjoyment. How can we return to an economy of desire as opposed to jouissance, to desire that gives meaning to our lives and gives us something to live for?

Antigone, that great heroine of antiquity that I mentioned before, was able to put an end to the years of jouissance in her family by fighting for her desire. Her name means “against generation” but it can be interpreted as “against the generations”. By being true to herself and by speaking up for herself, she was able to put an end to generations of enjoyment in her family. Her father was Oedipus who killed his father and slept with his mother. But Oedipus was also her brother and so when Antigone followed her conscience and buried her brother, Polynices, against the orders of the king, she was really putting an end to the effects of the brother who was her father. Oedipus stands for enjoyment and too much enjoyment is the very incarnation of what psychoanalysis calls the death drive. The great Antigone stands for the alternative, for desire, and desire gives us a reason to live.

ESPAÑOL 

Antígona;  símbolo del deseo, no del disfrute

por Tom Dalzell sm

La última vez hablamos del nuevo mandamiento cultural “¡Disfruta!”.  La sociedad solía basarse en la represión, pero ahora se basa en el disfrute o lo que los franceses llaman jouissance (gozo). Lo que el ejemplo de la exposición de los cadáveres como arte muestra es que nos hemos alejado de la representación y hemos pasado a la presentación bruta y al acceso directo a lo que solía ser prohibido. El exceso de disfrute, y no sólo de este tipo, es muy difícil de llevar. En realidad, hace sufrir. Quizá sepas lo que la Biblia pregunta: “¿Quién va a salvarnos de este cuerpo de muerte?”. Otra forma de expresarlo sería: ¿Cómo podemos conseguir un poco de distancia del exceso, del goce que provoca dolor y del que muchas personas tratan de escapar en el consumo de drogas? El consumo de drogas puede ser un intento de recuperar el total disfrute experimentado en la infancia alguna vez, pero también puede ser un intento de aliviar el dolor que provoca demasiada diversión. ¿Cómo podemos volver a vivir en clave de deseo frente al disfrute, al deseo que le da sentido a nuestra vida y nos da una razón para vivir?

Antígona, la gran heroína de la antigüedad, que he mencionado antes, fue capaz de poner fin a los años de goce en su familia luchando por su deseo. Su nombre significa “en contra de la generación”, pero puede ser interpretado como “en contra de las generaciones”. Por ser fiel a sí misma y al hablar por sí misma, ella fue capaz de poner fin a generaciones de disfrute en su familia. Su padre era Edipo que mató a su padre y se acostó con su madre. Pero Edipo era también su hermano y por lo que cuando Antígona siguió su conciencia y enterró a su hermano Polinices, contra las órdenes del rey, estaba realmente poniendo fin a los efectos de su hermano que era su padre. Edipo es sinónimo de diversión, de mucha diversión y es la encarnación de lo que el psicoanálisis llama a la pulsión de muerte. La gran Antígona representa la alternativa, la del deseo, porque el deseo nos da una razón para vivir.

FRANÇAIS

Antigone un symbole du désir, et non pas de Jouissance

par Tom Dalzell sm

Nous avons vu la dernière fois que « l’appréciation » ou « le plaisir » est le nouveau commandement culturelle!  Habituellement la société se basait sur la répression, mais de nos jours elle se base plutôt sur ce qu’on appelle le plaisir ou la jouissance. L’exemple de l’exposition de cadavres que l’art démontre, c’est que nous nous sommes éloignés de la représentation à la présentation brute et à l’accès direct à ce que l’on interdit. Trop de plaisir, et non pas seulement de ce genre est insupportable. Il provoque réellement la souffrance. Vous savez peut-être que la Bible demande: «Qui va nous sauver de ce corps mourant?”. Une autre façon de mettre cela est: comment pouvons-nous obtenir une certaine distance du trop, de jouissance qui provoque des douleurs et beaucoup de gens cherchent à s’échapper par la prise de médicaments? La prise de médicaments peut être une tentative de retrouver le plaisir total d’enfance, mais il peut aussi être une tentative pour atténuer la douleur d’avoir trop de plaisir. Comment pouvons-nous revenir à une économie du désir par l’opposition à la jouissance, au désir qui donne un sens à notre vie et nous donne une raison de vivre?

Antigone, cette grande héroïne de l’Antiquité que je l’ai mentionné auparavant, était en mesure de mettre un terme à des années de jouissance dans sa famille en luttant pour son désir. Son nom signifie “contre génération”, mais il peut être interprété comme “contre les générations”. En étant fidèle à elle-même et en parlant pour elle-même, elle était capable de mettre fin à des générations de jouissance dans sa famille. Son père était Œdipe qui a tué son père et a couché avec sa mère. Mais Œdipe était aussi son frère et donc quand Antigone a suivi sa conscience et a enterré son frère Polynice, contre les ordres du roi, elle avait vraiment éliminé tous les effets du frère qui était son père. Œdipe est synonyme de plaisir et trop de plaisir est l’incarnation même de ce que la psychanalyse appelle la pulsion de la mort. La grande Antigone représente l’alternative, pour le désir, et le désir nous donne une raison de vivre.

 

ITALIANO

Antigone simbolo del desiderio, non del Piacere

di Tom Dalzell sm

 

Abbiamo visto l’ultima volta che il nuovo comandamento culturale è “Godere”. La società era basata sulla repressione, ma ora si basa sul godimento o quello che un francese chiama jouissance. Ciò che l’esempio della mostra di cadaveri come arte dimostra è che ci siamo spostati dalla rappresentazione alla presentazione bruta e all’accesso diretto a quello che era proibito. Troppo divertimento, e non solo di questo tipo, è insopportabile. La mostra provoca in realtà sofferenza. Sapete che la Bibbia chiede: “chi salverà (noi) da questo corpo di morte?”. Un altro modo di mettere questo è: come possiamo prendere le distanze dall’eccesso, dal godimento che provoca dolore e molte persone cercano di fuggire attraverso l’assunzione di droghe? L’assunzione di droghe può essere un tentativo per riconquistare il godimento totale, una volta vissuto come un bambino, ma può anche essere un tentativo di alleviare il dolore di troppo divertimento. Come possiamo tornare a un’economia del desiderio in opposizione al godimento, al desiderio che dà senso alla nostra vita e ci dà qualcosa per cui vivere?

Antigone, grande eroina dell’antichità che ho menzionato prima, è stata in grado di porre fine agli anni di godimento nella sua famiglia, combattendo per il suo desiderio. Il suo nome significa “contro la generazione”, ma può essere interpretato come “contro le generazioni”. Essendo fedele a se stessa e, parlando per se stessa, è stata in grado di porre fine a generazioni di godimento della sua famiglia. Suo padre era Edipo, che ha ucciso suo padre e dormiva con la madre. Ma Edipo era anche suo fratello e dunque quando Antigone ha seguito la sua coscienza e la seppellì il fratello Polinice, contro gli ordini del re, stava davvero ponendo fine alle conseguenze del fratello che era suo padre. Edipo è sinonimo di divertimento e troppo godimento è l’incarnazione di ciò che la psicoanalisi chiama la pulsione di morte. La grande Antigone rappresenta l’alternativa, per il desiderio, e il desiderio ci dà una ragione per vivere.