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                   Fr  Jan Hulshof sm

MARIST MISSION AND SOCIAL COMMITMENT

  1. We should not dissociate evangelization from social commitment but rather see social commitment as ‘a constitutive part of the preaching of the Gospel.’

‘As you go, make this announcement: ‘The reign of God is at hand! Cure the sick, raise the dead, heal the leprous, expel demons. The gift you have received, give as a gift.’ (Matthew 10: 7f.)

 

  1. For followers of Jesus the question is not who is my neighbour, but to whom am I neighbour at this very moment.

‘Which of these three, in your opinion, was neighbour to the man who fell in with the robbers?’ The answer came, ‘The one who treated him with compassion.’ Jesus said to him, ‘Then go and do the same.’ (Luke 10: 36 f.)

‘How much I hope they will always continue as they are in Lyons. They work among the stone masons, which is a humble work. They go into the prisons, they serve the workhouse…Those are the tasks I like to see the Marists employed in.’ (Jean-Claude Colin, August 1839)

  1. Our Marist tradition wants us to commit ourselves to works of mercy, to have a preferential love for the poor and always to aim at saving souls.

Works of mercy

‘Indeed their vocation is to go from place to place for the greater service of God and to spend themselves working for the salvation of the neighbour by preaching God’s word, hearing confessions, catechising the uneducated and the young, exhorting and welcoming the faithful to pious exercises, visiting prisoners and the sick in hospitals, and doing other such works of charity.’ (Jean-Claude Colin, Constitutions Society of Mary 1872, 4)

Preferential love of the poor

‘I feel driven towards the poor classes, towards country missions, towards the poor of Lyons. To seek outcasts, give catechism instructions, help the beggars…These are the thoughts that pursue me.’ (Jean-Claude Colin, October 19th, 1842)

Aiming at saving souls

‘How much I want the sons of the blessed Virgin to be known like our Lord by that mark: The poor have the Gospel preached to them.’ (Jean-Claude Colin, 1838-1839)

  1. Today the social doctrine of the Church puts the traditional works of mercy, preferential love of the poor and salvation of souls in a new light.

Mercy and justice

‘In her teaching the Church constantly returns to this relationship between charity and justice:  When we attend to the needs of those in want, we give them what is theirs, not ours. More than performing works of mercy, we are paying a debt of justice.’ (Compendium of the Social Doctrine of the Church, 2004,  184)

Love and empowerment

‘The principle of solidarity, even in the fight against poverty, must always be accompanied by that of subsidiarity, thanks to which it is possible to foster the spirit of initiative…The poor should be seen, not as a problem, but as people who can become the principal builders of a new and more human future for everyone.’ (Compendium of the Social Doctrine of the Church, 2004, 449)

Saving souls and saving the world

‘An authentic faith… involves a deep desire…to leave this earth somehow better than we found it. We love this magnificent planet on which God has put us, and we love the human family which dwells here, with all its tragedies and struggles, its hopes and aspirations, its strengths and weaknesses. The earth is our common home and all of us are brothers and sisters.’ (Pope Francis, Evangelii Gaudium, 183)

  1. We see our spirituality confirmed by Pope Francis, as he highlights mercy, motherly care and a Marian style as features of the Church of today.

‘The Church must be a place of mercy freely given, where everyone can feel welcomed, loved, forgiven and encouraged to live the good life of the Gospel.’ (Pope Francis, Evangelii Gaudium, 114)

‘Migrants present a particular challenge for me, since I am the pastor of a Church without frontiers, …which considers herself mother to all.’ (Pope Francis, Evangelii Gaudium 210).

  1. Mercy and motherly care, as characteristics of our Marist mission, need to be counterbalanced and supported by a fighting spirit, courage and strength.

‘This very name sufficiently indicates the banner under which it desires to serve in fighting the battles of the Lord.’ (Jean-Claude Colin, Constitutions of the Society of Mary, 1872, 1)

There is a Marian “style” to the Church’s work of evangelization. Whenever we look to Mary, we come to believe once again in the revolutionary nature of love and tenderness. In her we see that humility and tenderness are not virtues of the weak but of the strong that need not treat others poorly in order to feel important themselves. Contemplating Mary, we realize that she who praised God for “bringing down the mighty from their thrones” and “sending the rich away empty” (Lk 1:52-53) is also the one who brings a homely warmth to our pursuit of justice.’ (Pope Francis, Evangelii Gaudium, 288)

ESPAÑOL

MISIÓN MARISTA Y  COMPROMISO SOCIAL

  1. No hay que disociar la evangelización del compromiso social. Hay que ver más bien el compromiso social como parte constitutiva del anuncio del Evangelio.

“Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis “(Mateo, 10, 7s)

 

  1. Para los que quieren seguir a Jesús la pregunta no es, ¿quién es mi prójimo, sino de quién soy yo prójimo en este momento?

“¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Él dijo: “El que tuvo misericordia de él. Jesús dijo: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10, 36s.)

“Cuánto me gustaría que en Lyon se continúe como hasta el presente. Los padres se encargan de la Obra de los albañiles, que es harto humilde; van a las cárceles, atienden al asilo de mendicidad… Esos son los puestos donde me gusta ver a los Maristas (Juan Claudio Colín, agosto de 1839, HF doc. 18, 3)

  1. Nuestra tradición marista nos pide dedicarnos a las obras de caridad, tener un amor preferencial por los pobres y buscar siempre salvar a las almas.

 

Las obras de caridad

«  Pertenece, pues, a su vocación recorrer distintas regiones en el mayor servicio de Dios y entregarse a la salvación del prójimo, predicando la palabra de Dios, escuchando confesiones, catequizando a los ignorantes y a los niños, exhortando y admitiendo a los fieles a los ejercicios de piedad, visitando los enfermos en los hospitales y a los presos, y cumpliendo cualquier otro servicio semejante de caridad” (Juan Claudio Colín, Constituciones de la Sociedad de María, 1872,4)

 

 Amor preferencial por los pobres

« Me siento empujado hacia la clase pobre, hacia las misiones rurales, hacia los pobres de Lyon. Buscar los abandonados, catequizar, recoger a los mendigos… Estas ideas me persiguen » (Juan Claudio Colín, 19 octubre de 1842. Doc. 61,9)

Buscar salvar a las almas

« Cómo deseo que los hijos de la Santísima Virgen sean conocidos como nuestro Señor por este rasgo: « Los pobres son evangelizados » (Juan Claudio Colín, 1838-1839, HF doc 23)

  1. Hoy en día la doctrina social de la Iglesia ve las “obras de caridad” tradicionales, “el amor preferencial por los pobres” y “la salvación de las almas” a nueva luz.

 

Caridad y justicia

 “Sobre la relación entre caridad y justicia es constante la enseñanza de la Iglesia: «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables, no les damos de nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que cumplir un acto de caridad, lo que realizamos es un deber de justicia” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2004, 184).

 

Amor y responsabilidad

 “El principio de la solidaridad, también en la lucha contra la pobreza, debe estar siempre enlazado con el de la subsidiariedad, que estimula el espíritu de iniciativa… a los pobres se les debe mirar «no como un problema, sino como los que pueden llegar a ser sujetos y protagonistas de un futuro nuevo y más humano para todo el mundo” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” 2004, 449)

 

Salvar a las almas y salvar al mundo

 “Una auténtica fe… siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos” (Papa Franciscos, Evangelii Gaudium, 183).

  1. Vemos confirmada nuestra espiritualidad por el papa Francisco, cuando subraya la misericordia, la solicitud materna y el estilo marial como rasgos de la misión de la Iglesia hoy.

‘La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio.’ (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 114)

‘Los migrantes me plantean un desafío particular por ser Pastor de una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos’ (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 210)

  1. Es necesario que la misericordia y la solicitud materna, siendo rasgos de nuestra misión, sean contrapesadas y sostenidas por un espíritu combativo y por la virtud del coraje y de la fuerza.

‘Este nombre indica claramente bajo qué bandera desea militar en los combates del Señor.’ (Juan Claudio Colin, Constituciones de la Sociedad de María, 1872, 1)

Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia.’ (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 288)

FRANCAIS

MISIÓN MARISDTA Y COMPROMISO SOCIAL

  1. Il ne faut pas dissocier l’évangélisation de l’engagement social. Ne faut-il pas voir plutôt l’engagement social comme partie constitutive de l’annonce de l’Évangile. 

 

‘Chemin faisant proclamez que le Royaume des cieux est tout proche. Guérissez les malades, ressuscitez les morts, purifiez les lépreux, expulsez les démons. Vous avez reçu gratuitement, donnez gratuitement.’(Matthieu 10, 7s.)

 

  1. Pour ceux qui veulent suivre Jésus la question n’est pas qui est mon prochain, mais de qui suis-je en ce moment le prochain ?

‘Lequel de ces trois, à ton avis, s’est montré le prochain de l’homme tombé aux mains des brigands ?’ Il dit : ‘Celui qui a exercé la miséricorde envers lui.’ Et Jésus lui dit : ‘’Va, et toi aussi, fais de même.’ (Luc 10, 36s.)

‘Que je souhaite qu’à  Lyon on continue toujours ainsi. Ils ont l’œuvre des maçons, qui est une œuvre basse, ils vont dans les prisons, ils desservent le dépôt de mendicité…voilà des emplois où j’aime voir les Maristes.’ (Jean-Claude Colin, Août 1839)

  1. Notre tradition mariste nous demande de nous dévouer aux œuvres de charité, d’avoir un amour préférentiel pour les pauvres et de viser toujours à sauver les âmes.

 Œuvres de charité

‘C’est proprement leur vocation d’aller ici et là, pour un plus grand service de Dieu, et de se dépenser pour le salut du prochain en prêchant la parole de Dieu, en écoutant les confessions, en enseignant le catéchisme aux gens peu instruits et aux enfants, en invitant et en accueillants les fidèles à des retraites, en visitant les détenus dans les prisons et les malades dans les hôpitaux, et en accomplissant d’autres œuvres semblables de charité.’ (Jean-Claude Colin, Constitutions de la Société de Marie, 1872,4)

Amour préférentiel pour les pauvres

‘Je me sens poussé vers la classe pauvre, vers les missions de campagne, vers les pauvres de Lyon. Chercher les abandonnés, faire le catéchisme, ramasser les mendiants…Ces pensées me poursuivent.’ (Jean-Claude Colin, 19 octobre 1842)

Viser à sauver les âmes

‘Que je désire que les enfants de la sainte Vierge soient connus comme Notre-Seigneur à cette marque : ‘Les pauvres sont évangélisés.’ (Jean-Claude Colin, 1838-1839).

  1. Aujourd’hui la doctrine sociale de l’Église met ‘les œuvres de charité’ traditionnelles, ‘l’amour préférentiel pour les pauvres’ et ‘le salut des âmes’ dans une lumière nouvelle.

Charité et justice

‘L’enseignement de l’Église revient constamment sur le rapport entre charité et justice: Quand nous donnons aux pauvres les choses indispensables, nous ne faisons pas pour eux des dons personnels, mais nous leur rendons ce qui est à eux. Plus qu’accomplir un acte de charité, nous accomplissons un devoir de justice.’(Compendium de la Doctrine Sociale de l’Église, 2004, 184)

 

Amour et responsabilisation

‘Le principe de la solidarité, notamment dans la lutte contre la pauvreté, doit toujours être opportunément associé à celui de la subsidiarité, grâce auquel il est possible de stimuler l’esprit d’initiative… Il faut porter attention aux pauvres non comme à un problème, mais comme à des personnes qui peuvent devenir sujets et protagonistes d’un avenir nouveau et plus humain pour tous.’ (Compendium de la Doctrine Sociale de l’Église, 2004, 449)

 

Sauver les âmes et sauver le monde

‘Une foi authentique…implique toujours un profond désir de changer le monde, de transmettre des valeurs, de laisser quelque chose de meilleur après notre passage sur la terre. Nous aimons cette magnifique planète où Dieu nous a placés, et nous aimons l’humanité qui l’habite, avec tous ses drames et ses lassitudes, avec ses aspirations et ses espérances, avec ses valeurs et ses fragilités. La terre est notre maison commune et nous sommes tous frères.’ (Pape François, Evangelii Gaudium, 183).

  1. Nous voyons notre spiritualité confirmée par le pape François, lorsqu’il souligne la miséricorde, la sollicitude maternelle et le style marial comme marques de la mission de l’Église aujourd’hui.

 

‘L’Église doit être le lieu de la miséricorde gratuite, où tout le monde peut se sentir accueilli, aimé, pardonné et encouragé à vivre selon la bonne vie de l’Évangile.’ (Pape François, Evangelii Gaudium,114)

‘Les migrants me posent un défi particulier parce que je suis Pasteur d’une Église sans frontières qui se sent mère de tous.’ (Pape François, Evangelii Gaudium, 210).

  1. Il faut que la miséricorde et la sollicitude maternelle, tout en étant des marques de notre mission, soient contrebalancées et soutenues par un esprit combatif et par les vertus de courage et de force.

 

‘Ce nom indique suffisamment sous quel drapeau elle désire mener les combats du Seigneur.’ (Jean-Claude Colin, Constitutions de la Société de Marie, 1872, 1)

 

‘Il y a un style marial dans l’activité évangélisatrice de l’Église. Car, chaque fois que nous regardons Marie nous voulons croire en la force révolutionnaire de la tendresse et de l’affection. En elle, nous voyons que l’humilité et la tendresse ne sont pas les vertus des faibles, mais des forts, qui n’ont pas besoin de maltraiter les autres pour se sentir importants. En la regardant, nous découvrons que celle qui louait Dieu parce qu’ «  il a renversé les potentats de leurs trônes » et « a renvoyé les riches les mains vides » (Lc 1, 52.53) est la même qui nous donne de la chaleur maternelle dans notre quête de justice.’ (Pape François, Evangelii Gaudium, 288)


ENGLISH / ESPAÑOL
mundo

ENGLISH

An Age of Mary? Part IV: The Marist charism as an expression of divine grace

by Tom Kouijzer sm

Colin’s time had great problems but also had the potential to be an Age of Mary. The same is true for our time; there are great challenges but is our task to make it into an Age of Mary. The challenge is to be faithful to the Marist call and live its spirituality and ethos to the fullest. In this last article I want to look one last time at Jean-Claude Colin’s fundamental apostolic insight. Father Jan Snijders wrote:

“To see what Colin had in mind, to hear his call again, we must interpret… we must go to its heart: not a way of life, not a set of devotions but a mission. Not a mission to whatever turns up. No, it was a very definite mission, the mission to a particular age in which a new world was born, the world of the Enlightenment… That world is still the one in which we live; in fact, our world has only drawn the full consequences of the turn it took in the Enlightenment. The mission for which the Society was founded has not come to its end: it is only now showing its full urgency.

Fr Snijders compares the attitude of some priests and religious with the prophet Jonah who went into the secular city of Nineveh and couldn’t see any hope for its inhabitants. He turned his back on them, even when the Lord made clear He wanted to save them Jonah couldn’t cope with that and withdrew into isolation. That is not the Marist way.

“Jean-Claude Colin did not try to escape the call to evangelize the secular city. He recognized the compassion of God in Mary, the Mother of the Lord, taking a renewed interest in this world. He was led to see new possibilities in a Church shorn of triumphalism, stripped of prestige involving everyone, ready to meet that world on its own terms. It is up to us,… to hear his invitation anew, and take up the mission entrusted to our Society.”

My personal conclusion is that the notion of the end of times as an Age of Mary is fundamental to understand the Marist project. Why is there a Society of Mary? What’s the point of the Marist vocation? Why is there a Marist spirituality and what is the context of the different Marist themes? I believe the answer is: the Society of Mary is there to work for the sake of the Age of Mary. The Age of Mary is heaven’s answer to all that goes wrong in our times. Mary brings people to God and brings healing where there are wounds. She is the medicine.

Our time needs a special way to preach the Gospel, it needs a special outlook on the Church and it needs special graces. What our times need is embodied in the person of Mary. We Marists are called to imitate and follow her wherever and however we can. Is our time doomed to be the end of times? An “age of impiety and unbelief” in which all that makes life worthwhile disappears? Or can it be more? Can it be a beautiful time, a time of grace, an Age of Mary?

I believe the last can be and that the Society of Mary has he own role to play in that, that she has her own unique vocation with regards to this special grace. By choosing to be a Marist I express my belief in our time and the future of the Church in that world. And it means that I belief that Mary wants the Society of Mary and its mission to bring her transforming spirit into this world.

It means that I do not see this time as an era of depression and of disappointments but as an era of divine grace, as an Age of Mary.

Questions for reflection:

-How do I appreciate my Marist vocation? As a human undertaking or as an expression of divine grace? Do I ever thank God for my vocation? What grace should I ask Him to live my Marist vocation in a more complete way?

-What touches me in the vision of Jean-Claude Colin? If I meditate on the inspiration he received to become the founder of the Marists do I feel that God is calling me too? What is He asking of me in this time?

-Which people that I know are suffering and need the medicine of Mary’s love? Can I be the one to bring it to them? Which concrete actions should I take?

Tom Kouijzer sm

colin

ESPAÑOL

EL siglo de María? Parte IV: El carisma marista como una expresión de la gracia divina

por Tom Kouijzer sm

Tiempo de Colin tuvo grandes problemas, pero también tenía el potencial de ser El Siglo de María. Lo mismo es cierto para nuestro tiempo; hay grandes retos, pero es nuestra tarea es aprovecharlo para convertirlo en un Siglo de María. El reto es ser fiel a la llamada marista y vivir su espiritualidad y ética al máximo. En este último artículo quiero invitarlos a mirar una vez más la visión apostólica fundamental de Juan Claudio Colin.   El P. Jan Snijders escribió:

“Para ver lo que Colin tenía en mente, para oír la llamada de nuevo, debemos interpretar … tenemos que ir a su corazón: no pensaba en una forma de vida, no un conjunto de devociones, sino una misión. No es una misión imaginaria. No, era una misión muy definida, la misión en una determinada época en la que nacía un nuevo mundo, el mundo de la Ilustración … Ese mundo está también presente en el que vivimos; de hecho, nuestro mundo está anclado tomando y viviendo las consecuencias de la Ilustración. La misión para la cual fue fundada la Sociedad no ha llegado a su fin: sólo está mostrando toda su urgencia”.

El P. Snijders compara la actitud de algunos sacerdotes y religiosos con el profeta Jonás que fue a la ciudad secular de Nínive y no podía ver ninguna esperanza para sus habitantes. Él les dio la espalda, incluso cuando el Señor dejó claro que quería salvarlos Jonás no podía hacer frente a eso y se retiró en el aislamiento. Ese no es el camino marista.

“Juan Claudio Colin no trató de escapar de la llamada a evangelizar la ciudad secular. Reconoció la compasión de Dios en María, la Madre del Señor, tomando un renovado interés por este mundo. Él fue llevado a ver nuevas posibilidades en una Iglesia despojada de triunfalismos, despojada del prestigio, dispuesta a cumplir con ese mundo en sus propios términos. Nos corresponde a nosotros, … escuchar su invitación de nuevo, y aumir la misión confiada a nuestra Sociedad “.

Mi conclusión personal es que la idea del fin de los tiempos como una Época, Edad o un Siglo de María es fundamental para entender el proyecto marista. ¿Para qué existe una Sociedad de María? ¿Cuál es el sentido de la vocación marista? ¿Por qué hay una espiritualidad marista y cuál es el contexto de los diferentes temas maristas? Creo que la respuesta es: la Sociedad de María está ahí para trabajar por el bien del Siglo de María. El tiempo de María es la respuesta de Dios a todo lo que va mal en nuestro tiempo. María lleva a las personas a Dios y porta sanación donde hay heridas. Ella es la medicina.

Nuestro tiempo necesita una forma especial para predicar el Evangelio, tiene una perspectiva especial sobre la Iglesia y que necesita gracias especiales. Lo que nuestros tiempos necesitan se encarna en la persona de María. Nosotros los maristas estamos llamados a imitar y a seguirla donde y como nos sea posible. ¿Está condenado nuestro tiempo a ser el fin de los tiempos?  ¿Un “tiempo de la impiedad y la incredulidad” en el que todo lo que hace que desaparezca la vida que vale la pena? ¿O puede ser más? ¿Puede ser un hermoso tiempo, un tiempo de gracia, un Siglo de María?

Creo que la Sociedad de María tiene un papel que desempeñar en eso, que ella tiene su propia y única vocación en lo que respecta a esta gracia especial. Al elegir ser marista expreso mi fe en nuestro tiempo y en el futuro de la Iglesia en ese mundo. Significa además creer que María quiere la Sociedad de María y su misión de llevar su espíritu transformador a este mundo.

Esto quiere decir que no veo esta época como la era de la depresión y de decepciones sino como una era, un tiempo de la gracia divina, como un El Siglo de María.

Preguntas para la reflexión:

-¿Cómo Puedo apreciar mi vocación marista? Como empresa humana o como una expresión de la gracia divina? ¿Le agradezco alguna vez a Dios por mi vocación? ¿Qué gracia necesito pedirle para vivir mi vocación marista de una manera más completa?

-¿Qué me llama más la atención en la visión de Juan Claudio Colin? Cuando medito en la inspiración que recibió para convertirse en el fundador de los maristas ¿Siento que Dios me está llamando a lo mismo? ¿Qué me pide Dios en este momento?

-¿Cuáles Personas que conozco están sufriendo y necesitan la medicina del amor de María? ¿Puedo ser el uno para llevarlo a ellos? ¿Qué acciones concretas debo tomar?

Tom Kouijzer sm


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Sólo podemos aceptarlo en la libertad de los hijos de Dios. Debemos ser lo suficientemente humildes para aceptar nuestra debilidad, pero lo suficientemente valientes para luchar con ella y contra ella y ganarle en la arena de la vida. Pues no se trata sólo de saber de su existencia. El hecho de ser conscientes de nuestra debilidad requiere de nuestra parte la capacidad de vivir la aventura de la santidad al lado de Jesucristo, pues reconociéndola somos capaces de ser en Dios. San Pablo lo resume en las fuertes palabras de la carta a los Corintios: «cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte» (2Cor 12,10).

Por eso, santidad y testimonio tienden en un cierto sentido a coincidir.  Como por la fuerza del bautismo cada cristiano está llamado a la perfecta conformación con Cristo; así, cada cristiano está llamado a ser testimonio de vida de frente a cada hombre[1]. Porque ese es nuestro llamado. Ser testigos y testimonios vivos de que Cristo padeció, murió y resucitó por nosotros, por cada ser humano, por mí. Es ahí de donde nace nuestra esperanza de que podemos ser realmente santos, es ahí donde nace la fuerza para luchar cada día con la gracia que el Padre nos dona a través del Espíritu Santo.

Pues la debilidad nos hace ver nuestra flaqueza, pero la gracia la sana y nosotros podemos ir hacia adelante, hacia Dios mismo. Sólo en la libertad del amor, sólo en la inteligente voluntad que libremente nos mueve hacia Dios, sólo porque así lo aceptamos, pues Cristo es lo que nos pide: ser testigos y testimonios de Él con nosotros.

Sólo el débil puede ser mártir, y sólo el mártir puede ser santo, porque se da por amor, porque en Cristo-Amor se entrega hasta el final. Reconociendo la propia debilidad, la propia nada, es capaz de reconocer su necesidad de amor de Dios, necesidad de su gracia, necesidad de Dios mismo; inteligentemente la pide, libremente la acepta, y voluntariamente la pone al servicio de todos.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor![2] Todavía más, ¡qué debilidad que mereció tal Redentor! Porque ese profundo deseo o debilidad que requiere ser sanado sólo Cristo lo puede transformar en deseo absoluto y arrebatador por Dios mismo, por ser uno con Él. Porque la culpa, la debilidad, la toma Cristo para sanarla y la transforma de cuenta que era a pagar a cuenta ya pagada. No debemos más. Todo está cumplido en Cristo. Y nosotros, en la libertad del amor, somos capaces de ir sobre nuestra debilidad. A eso estamos llamados, a vivir plenamente el martirio, a morir todos los días a nosotros para hacer vivir a Cristo. El mártir es aquel entiende esto y lo vive profundamente, porque no deja ya hueco en su vida para que la debilidad lo devore, sino que permite que la gracia de Cristo Jesús tome el lugar de ella y sea transformado en santo, viva completamente la relación total en Dios y con Dios. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor, feliz el débil que mereció tal Redentor, porque mereció la santidad en su Salvador!

[1] P. MARTINELLI, La Testimonianza, 50.

[2] Cf. Nuevo Misal del Vaticano II, Pregón Pascual.