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Jusqu’au bout du monde

Parti en 1839 avec le troisième groupe de missionnaires envoyés en Océanie, après un bref séjour en Nouvelle Zélande, Joseph Chevron travaille avec le père Chanel a Futuna, qu’il quitte peu de temps avant son martyre. 11 passe un an a Wallis. En 1842, ii est le premier Mariste envoyé a Tonga. Cette lettre écrite à sa famille donne à réfléchir sur le regard qu’il porte sur ces gens dont ii partage la vie et sur la manière dont ii cherche à se situer auprès d’eux.

 

On a en Europe des idées bien fausses de ces archipels. Je crois que ces peuples sont loin de mériter le nom de sauvages qu’on leur donne. Se rencontrent-ils, us s’offrent leurs amitiés : tsi oto ofa (mon amitié). S’ils portent quelque chose qu’ils puissent donner, comme du kava ou des fruits, ce serait une grande malhonnêteté de ne pas l’offrir ; s’ils n’ont rien à offrir, us en font mille excuses. Allez-vous dans une maison, c’est le tsi oto ofa, puis des remerciements pour votre visite et des félicitations sur votre sante ; puis tout en vous présentant le kava, us s’excusent de n’avoir rien à vous offrir.

A Wallis je buvais le kava avec plaisir ; ici c’est un supplice qui se renouvelle au moins trois ou quatre fois le jour. Je crois que bon nombre de personnes en France mourraient plutôt que de toucher à ce kava et souvent aussi à la nourriture qu’ils ont apprêtée. Les commencements sont difficiles.

Je serais porte a croire que les naturels de cet archipel sont naturellement aussi intelligents, au moins, que le commun des hommes en France; beaucoup nous étonnent par la promptitude avec laquelle ils saisissent les explications souvent difficiles du catéchisme ; mais us sont sans consistance. C’est un peuple enfant changeant et capricieux. Le travail dans lequel us excellent est la construction des maisons et des pirogues. Je ne pense pas qu’un bon ouvrier européen avec une simple hache comme eux put faire quelque chose d’aussi propre.

La langue de ces archipels ne s’apprend pas aussi facilement qu’on a voulu le dire. Ajoutez à cela qu’un missionnaire en arrivant ici n’est plus jeune. Aussi voilà tout A l’heure un an que je suis ici, comprenant et me faisant comprendre (bien difficilement, ii est vrai) au moyen du peu d’Uvéa que je savais, et cependant beaucoup de choses m’échappent dans les conversations des naturels. On sait bien demander un fruit, où l’on va, d’où l’on vient, si Von est malade. Mais il y a loin de là avec une conversation.

Ce qui nous a gagné les naturels, c’est le soin que nous avons pris de nous conformer en tout à leurs usages; nous vivons comme eux, nous contentant de ce qu’ils nous apportent; quand nous allons les voir, nous couchons comme eux sur la terre recouverte d’une natte, ou sur les planches de quelque embarcation ; nous assistons à leurs fêtes, à leur kava. Nous avons soin d’en avoir toujours un morceau à offrir à ceux des chefs qui viennent nous visiter. Il est rare qu’on ne fasse pas à la maison le kava au moins trois fois par jour, quelquefois on le fait jusqu’à dix. S’ils ont besoin d’une aiguille, de fil, nous leur donnons le peu que nous avons; nous leur prêtons quelques outils, des bêches, des pioches, des haches, a ceux qui Wen ont pas, etc. Mais le plus précieux A leurs yeux, c’est le soin des malades.

En un mot, nous tâchons de faire du bien à tout le monde sans rien exiger de personne et de faire bon accueil même au dernier de ces pauvres infidèles.

Lettre de Joseph Chevron à sa famille, Tonga, 24 juin 1843. Extraits.

Lettres reçues d’Océanie, vol 2, doc 261

*pris à partir de:   Faire route avec Colin, Une entrée dans le project mariste,  Nazaret.  Pères Maristes du France

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Hasta el fin del mundo

El P. José Chevron formó parte del tercer grupo de misioneros que en 1839 fueron enviados a Oceanía. Después de una breve estancia en Nueva Zelanda, trabaja en Futuna con el P. Chanel, a quien deja poco tiempo antes de su martirio para ir a Wallis, donde paso un año. En 1842 se convierte en el primer Marista enviado a Tonga. Esta carta escrita a su familia in vita a reflexionar sobre cómo mira a las gentes con las que comparte su vida y sobre cómo procura situarse cerca de ellos.

En Europa tienen unas ideas muy falsas de estos archipiélagos. Creo que estos pueblos no merecen el nombre de salvajes que se les da. Poseen una civilización mayor que la gente de Francia que no ha recibido educación. Se encuentran y ofrecen su amistad: tsi oto ofa, mi amistad. Si tienen algo que puedan dar, como kava o frutos, el no ofrecerlos significaría una gran descortesía; si no tienen nada que ofrecer, piden mil excusas. Si vais a una casa, primero se os da el tsi oto ofa, después las gracias por la visita y felicitaciones por la salud; luego, al presentar el kava, se excusan por no tener nada que ofreceros.

En Wallis yo bebía el kava a gusto; aquí es un suplicio que hay que sufrir al menos tres o cuatro veces al día. Creo que, en Francia, un buen número de personas moriría antes de tomar ese kava y los alimentos que han preparado. Los comienzos son difíciles.

Pienso que los nativos del archipiélago son por naturaleza bastante inteligentes, al menos como el común de los hombres franceses; nos sorprenden por la rapidez con que captan las difíciles explicaciones del catecismo; pero no son constantes. Es un pueblo infantil, cambiante y caprichoso. Sobresalen en el trabajo de la construcción de casas y piraguas. No creo que un buen obrero europeo pudiera hacer una cosa tan fina como ellos con una simple hacha.

La lengua de estos archipiélagos no se aprende tan fácilmente como dicen. Añadan a todo eso que el misionero ya no es joven al llegar aquí, que tal pronto un año que estoy aquí comprendiendo y haciéndome entender, con dificultad es cierto, utilizando lo poco que aprendí en Uvea, y a pesar de todo en las conversaciones de los nativos se me escapan muchas cosas. Sabemos pedir un producto, decir a dónde se Va, de dónde se viene, si estás enfermo… pero muy lejos de mantener una conversación o dar una enseñanza.

Como nos hemos ganado a los nativos es con el cuidado por acomodarnos a sus costumbres: vivimos como ellos, nos contentamos con lo que nos traen; cuando vamos a verlos nos acostamos como ellos en el suelo, echados sobre una alfombra o en las tablas de cualquier embarcación, asistimos a sus fiestas, a sus tomas de kava. Nos preocupamos de tener siempre algo que ofrecer a los jefes que vienen a visitarnos. Es raro que en casa no se haga cada día el kava al menos dos o tres veces y en alguna ocasión hasta diez. Si necesitan una aguja, e hilo, les damos lo poco que tenemos; les prestamos algunas herramientas, palas, picos, hachas, a los que no los tienen. Pero lo que más valoran es la atención a los enfermos.

En resumen, procuramos hacer bien a todos sin exigir nada a nadie y acoger con bondad a todos sin distinción alguna.

Extracto de una carta del P. José Chevron a sufamilia,

Tonga, el 24 dejunio de 1843

Tomado de: Faire route avec Colin, Une entrée dans le project mariste,  Nazaret.  Pères Maristes du France

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5 ideas centales del mensaje de la Cuaresma del Papa Francisco: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13).
Las obras de misericordia en el camino jubilar

1.Vivamos la Cuaresma en este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios, dándole primacía a la Palabra.

2. María es el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, pues la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas  y con una bondad generosa, fiel y compasiva que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

3. La belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado es el primer anuncio al que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra.

4. La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia.  Nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo.

5. Hay estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

  1. Ir al mensaje completo 

 

5 key ideas of Pope Francis message for  Lent:  “I desire mercy, and not sacrifice” (Mt 9:13). The works of mercy on the road of the Jubilee.

1.Let us live the season of Lent in this Jubilee Year more intensely as a privileged moment to celebrate and experience God’s mercy with an attentive listening to the word of God.

2.  Mary is the perfect icon of the Church which evangelizes with mercy; Mercy is strictly related to the maternal womb and to a generous, faithful and compassionate goodness shown within marriage and family relationships.

3. It is the beauty of the saving love of God made manifest in Jesus Christ who died and rose from the dead, that first proclamation which we must hear again and again in different ways, the one which we must announce at every level and moment.

4. God’s mercy transforms human hearts; it enables us, through the experience of a faithful love, to become merciful in turn. Faith finds expression in concrete everyday actions meant to help our neighbours in body and spirit: by feeding, visiting, comforting and instructing them.

5. There are sinful structures linked to a model of false development based on the idolatry of money, which leads to lack of concern for the fate of the poor on the part of wealthier individuals and societies; they close their doors, refusing even to see the poor.

Go to the message


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Se désarmer de patience

Un  proverbe les Créoles ont le secret dit:

Avec patience et crachat, on fait entrer un pépin de calebasse dans le derrière d’un moustique. * Patience et crachat, reddition et activité, toutes deux sont requises sur un chemin spirituel. Je le répète à l’ envi, devant la souffrance, ii s’agit avant tout de poser des actes, de soulager, d’apaiser, de guérir au mieux et au plus vite. Et une saine impatience pourrait remédier a bien de nos maux, nous pousser à l’engagement. Pourtant, ii est des épreuves qui résisterait, de vives douleurs qui mettent en échec tous nos expédients. Que faire, donc, quand il n’y a rien à faire?

Le « il faut s’armer de patience »  m’a toujours exaspéré, car il réclame un volontarisme, un effort que celui en proie à de puissants tourments est peut-être précisément incapable de fournir. Sans parler d’un fatalisme, d’une indifférence que l’on déguise à peine. La patience n’a que peu à voir avec la résignation.

Elle pourrait bien mobiliser toute l’âme et constituer la quintessence de la disponibilité à ce qui est. Les «sois patient » chargent d’une nouvelle contrainte celui qui ploie déjà et qui manque presque de tomber. Le poète persan Djami a dit : « Tu désires, par la mystique, échapper a toi-même. Il faut supporter la blessure de cent épreuves sans bouger de ta place. » L’auteur met en garde: contre le danger de se fuir et de chercher dans la spiritualité, la philosophie ou que sais-je le moyen de se confectionner un bonheur pépère, de se protéger bien à l’abri de la vie, Dieu, la religion, les exercices spirituels deviennent des remparts, des pansements, des béquilles. Angelus Silesius, dans le Merin cherubinique, signalait le même danger: « Homme, si tu cherches Dieu pour avoir le repos, tu te trompes encore, tu te cherches et non Lui, tu n’es pas encore enfant, mais esclave. »

L’exigence, ici, parait atteindre des sommets. Comment supporter la blessure de cent épreuves sans bouger de ma place?

Elle m’indique néanmoins une vole vers la patience. Je perçois tout d’aborcl qu’il ne m’est pas demandé de patienter toujours, mais de patienter ici et maintenant, seconde après seconde, instant après instant, une blessure après l’autre. Lorsque j’imagine devoir patienter, le clécouragement me gagne et je suis soumis à l’agitation la plus vive. Et si le verbe patienter ne se conjuguait qu’au présent?

« Sans bouger de ma place. »

Cette pratique semble déjà plus accessible. Ici, le corps peut venir A la rescousse. Quand l’esprit s’agite, lorsqu’il me traine en tous sens, oser ne pas bouger, ne pas faire le moindre geste. En voilà une action: ne rien faire, demeurer là, disponible, sans vouloir réagir, sans souhaiter échapper a moi-même.

Aussi, se désarmer de patience, par la patience, revient à quitter, progressivement, tous ces mécanismes, ces reflexes,

cette propension a l’action, cette armure qui, plus que nous protéger, nous isole et nous coupe du monde. Aucune cuirasse ne nous préserve contre les coups du sort, contre les déceptions quotidiennes, contre les mille et un tracas. C’est un leurre.

Djami m’invite à une attitude moins guerrière. Lorsqu’il n’y a pas d’autre issue, ne faire qu’un avec les blessures, les accueillir, les supporter ou plutôt les laisser passer. Si je connais la peur, je peux la vivre sans résistance, ne plus m’opposer à elle, ne plus adopter la posture du guerrier qui combat contre l’invincible adversaire. La patience n’est pas une arme, c’est l’acte souverain qui les dépose toutes car elle les sait inutiles.

Alexandre Jollien. sur internet. à propos de Le Philosophe nu. Seuil. 2010

*pris à partir de:   Faire route avec Colin, Une entrée dans le project mariste,  Nazaret.  Pères Maristes du France

 

Disarm yourself with patience

Only the Creoles know the secret of the following proverb: “with patience and spit you can insert the seed of a calabash into the backside of a mosquito”. Patience and spit, surrender and activity, are both required on a spiritual journey. I never tire of repeating that, in the face of suffering, it is above all a matter of action, of consoling, of appeasing, of healing as best and as quickly as we can. And a healthy impatience can solve many of our problems, pushing us to commitment. Yet, there are trials that resist, sharp pains that cause all our best efforts to fail. What do we do then, when there is nothing we can do?

The expression ‘disarm yourself with patience’ has always been a source of exasperation for me, as it calls for a willingness, and precisely the kind of effort that someone suffering powerful torments is unable to make. Without speaking of fatalism, of a kind of indifference that is hardly disguised, patience has little to do with resignation. Patience may well help us to focus on the present situation. To ask someone to “be patient” can actually increase the load of someone who is already burdened and is on the point of collapsing.

The Persian poet Djami said: “you seek, by mysticism, to escape from yourself. You must bear the wound of one hundred trials without shifting from your position”. The author is warning against the danger of escaping from ourselves and looking for answers in spirituality, philosophy, or other ways of comforting ourselves, shielding ourselves from life itself. God, religion and spiritual exercises all become safeguards, bandages and crutches. Angelus Silesius, in the Cherubic Pilgrim pointed out the same danger: “Man, if you are seeking God for a rest, you are once again fooling yourself -you are seeking yourself, not Him, you are not yet a child, but a slave”.

The quotation seems to be moving towards a resolution. How can I put up with the wounds of one hundred trials without changing my outlook? At the same time, it indicates a path towards patience. First of all, I am not suggesting that we should be patient forever, but to be patient in the here and now, moment by moment, instant after instant, one wound after another.

When I imagine having to be patient, discouragement takes over and I can become agitated. What if the verb ‘to be patient’ can only be expressed in the present tense? My answer would be, that I don’t move from my position. Such a practice makes patience more accessible. Perhaps the body can help us in this by simply doing nothing. Whenever the spirit feels agitated, whenever it pulls me in all directions, I dare to stand still, to avoid making the slightest movement. That in itself is already an action: to do nothing, to remain there, available, without wanting to react, without wishing to escape from myself.

Thus, disarming myself with patience, practicing patience, I can gradually let go of all these techniques. So I can let go of these reactions, my tendency to act, the protective armour which isolates me and cuts me off from the world.

No coat of arms can preserve us from misfortune, from daily disappointments, from a thousand-and-one disturbances. To think so, is an illusion.

Djami invites me to a less strident attitude. When there is no other way out, I can become one with the wounds. I can even welcome them, or simply let them pass by. If I embrace my fear, I can continue to live without resisting it, no longer opposing it, behaving like a warrior who fights against an unconquerable enemy. Patience then is not a weapon, it is the very act which does away with those defence mechanisms recognising that they are useless.

Alexander jollien, on the internet, a propos The Naked Philosopher, Seoul, 2010

* Taken from: Faire route avec Colin, Une entrée dans le project mariste,  Nazaret.  Pères Maristes du France.

Desarmarse de paciencia

Sólo los Creoles conocen el secreto del siguiente proverbio: “Con paciencia y saliva puedes insertar una semilla de calabaza en la parte trasera de un mosquito”. La paciencia y la saliva, la entrega y la actividad, ambos son necesarios en un viaje espiritual. No me canso de repetir que, ante el sufrimiento, se necesita sobretodo una cuestión de acción, de consuelo, de apaciguar, de sanación lo mejor y lo más rápido posible. Y una impaciencia saludable puede resolver muchos de nuestros problemas, nos empuja al compromiso. Sin embargo, hay pruebas que resisten, los dolores agudos que causan todos nuestros mejores esfuerzos para fallar. ¿Qué hacemos entonces, cuando no hay nada que podamos hacer?

La expresión “desarmarse a sí mismo con paciencia” ha sido siempre para mi fuente de exasperación, ya que exige una voluntad, y precisamente ese es el tipo de esfuerzo que una persona que sufre mucho es incapaz de hacer. Sin hablar de fatalismo, de una especie de indiferencia que casi no se disfraza, la paciencia tiene poco que ver con la renuncia. La paciencia también puede ayudarnos a concentrarnos en la situación actual. Pedir a alguien que “sea paciente” puede en realidad aumentar la carga de alguien que ya está cargado y está a punto de colapsar.

El poeta persa Djami dijo: “quién busca, en el misticismo, para escapar de ti mismo debe soportar la herida de un centenar de ensayos sin desplazarse de su posición.”. El autor advierte contra el peligro de escapar de nosotros mismos y buscar respuestas en la espiritualidad, filosofía, u otros modos de consolarnos a nosotros mismos, protegiéndonos a nosotros mismos de la vida misma. Dios, la religión, los ejercicios espirituales se convierten en salvaguardias, vendas y muletas. Angelus Silesius, en el querubínico peregrino señaló el mismo peligro: “Hombre, si estás buscando a Dios para tener un descanso, te estás engañando a tí mismo una vez más – Te estás buscando a tí mismo, no a Él, ya no eres un niño, sino un esclavo “.

La cita parece estar moviéndose hacia una solución. ¿Cómo puedo aguantar a las heridas de un centenar de ensayos sin cambiar mi perspectiva? Al mismo tiempo, indica un camino hacia la paciencia. En primer lugar, no estoy sugiriendo que debemos ser pacientes para siempre, pero para ser paciente en el aquí y ahora, momento a momento, instante tras instante, una herida tras otra.

Cuando me imagino teniendo que ser paciente, el desánimo se apodera de mi y puede llegar a ser muy agitado. ¿ser paciente sólo puede expresarse en el tiempo presente? Mi respuesta sería, que no me muevo de mi posición. Esta práctica hace que la paciencia sea más accesible. Tal vez el cuerpo nos puede ayudar en esto simplemente no hacer nada. Y cuando el espíritu se siente agitado, cada vez que tira de mí en todas las direcciones, me atrevo a estar quieto, para evitar hacer el más mínimo movimiento. Eso en sí mismo es ya una acción: no hacer nada, para permanecer allí, disponible, sin querer reaccionar, sin querer escapar de mí mismo.

Por lo tanto, el desarme a mí mismo con la paciencia, con la práctica de la paciencia, puedo dejar que poco a poco se vayan todas estas técnicas. Así que se puede dejar de lado estas reacciones, mi tendencia a actuar, la armadura protectora que me aísla de mi mismo y me aísla del mundo.

Ningún escudo de armas puede preservarnos de la desgracia, de las decepciones diarias, de mil-y-uno perturbaciones. Pensar que sí, es una ilusión.

Djami nos invita a una actitud menos estridente. Cuando no hay otra salida, puedo llegar a ser uno con las heridas. Incluso les puedo dar la bienvenida, o simplemente dejarlos pasar. Si me abrazo a mi miedo, puedo seguir viviendo sin resistirme a él, ya no oponerme a él, comportándose como un guerrero que lucha contra un enemigo invencible. La paciencia no es entonces un arma, es el acto mismo que elimina esos mecanismos de defensa reconociendo que son inútiles.

 

Alexander jollien, en Internet, sobre:  El Filósofo desnudo, Seúl 2010.

Tomado de: Faire route avec Colin, Une entrée dans le project mariste,  Nazaret.  Pères Maristes du France